“Hay un interés renovado del productor y de los consultores con la certificación”

José Luis Tedesco
Vicepresidente de AAPRESID

El pasado 8 de septiembre se celebró el día del productor agropecuario. José Luis Tedesco es un buen ejemplo del emprendedor criollo, por su compromiso tanto por producir como por incentivar entre sus pares los mejores hábitos de producción sustentable, que vienen de la mano de las Buenas Prácticas Agrícolas: A eso apunta con el trabajo que desarrolla con notable vocación de servicio desde su lugar de vicepresidente de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (AAPRESID).

Tedesco tiene 42 años. Hijo de una familia de productores, nació y se crió en Chacabuco, en el corazón de la Pampa Húmeda, hacia el norte de la provincia de Buenos Aires, y se recibió de ingeniero agrónomo en la Universidad Nacional de La Plata. Inquieto por naturaleza, hizo un posgrado en Ambientes y Paisajes y también completó la prestigiosa maestría en Agroalimentos de la Universidad de Buenos Aires.

Según nos explica en una entrevista, su vocación social fue la que lo llevó a acercarse a AAPRESID. “Es la institución en la que más cómodo me sentí”, explica, “porque las asociaciones sin fines de lucro u ONGs son el modelo que más me gusta para ejercer esta actividad de corte comunitario, más allá de mi vocación productiva y técnica.”

¿Qué es lo que le entusiasma tanto de AAPRESID?

– Básicamente, comulgo con la misión de promover sistemas productivos sustentables a través de la ciencia, la innovación y la gestión de conocimiento en red, algo que siempre fue mi búsqueda. Todas las personas que participamos de AAPRESID estamos detrás de compartir estos objetivos, nos ayudamos mutuamente y eso lo veo con mucha satisfacción. Las instituciones como AAPRESID nos permiten tener un crecimiento desde un punto de vista personal, pero también interrelacional. Todos los socios capitalizamos la posibilidad de aprender, porque nos prestamos a nuevas experiencias que producen una retroalimentación muy saludable. De la misma manera en que los pioneros de la Asociación empezaron a compartir sus conocimientos acerca de cómo implementar la siembra directa, este leit motiv fue evolucionando y hoy estamos preocupados por otras cuestiones como la sustentabilidad, por la interrelación que tenemos entre el campo y la ciudad.

¿Hacia dónde los llevan hoy estas nuevas preocupaciones?

– Hacia cuestiones que quizás antes no se veían como un problema y que hoy vemos que son temas a atender, a trabajar y a resolver. Por eso me involucré con el área de certificaciones, que tiene que ver con atender las miradas de los mercados y de los consumidores, y tratar de satisfacerlos a través de herramientas que aporta la certificación. Estos protocolos terminan enriqueciendo la producción, o sea, ponderan de alguna manera una norma, una estandarización, de cómo producir de manera sustentable.

¿En qué consiste la certificación de AAPRESID?

– A la hora de establecer sus requisitos se basa en tres criterios: Uno es el mejor conocimiento científico y técnico disponible, otro es el marco legal vigente y aplicable, y el tercero son los tratados internacionales de derechos humanos y ambientales para todas las cuestiones que todavía suponen lagunas legales, en las cuales la legislación todavía no avanzó en nuestro país. Esto nos lleva siempre a participar en acciones para propiciar nuevas leyes, como pasó con la ley de envases vacíos de productos fitosanitarios. En muchos casos nos pasaba que los productores certificados estaban todos colocando sus bidones vacíos en silos de alambre, y estaban acopiándolos para encontrar una solución a eso, pero en definitiva no hacían nada, porque faltaba un marco legal. Entonces, toda vez que podíamos, tratábamos de plantear e instalar este tema.

Y todo esto, llevó a una ley.

– Así es. En esta ley de envases vacíos estuvimos desde la primera reunión en que comenzaron las discusiones, y después participamos en el desarrollo posterior de la norma. Fue muy positivo porque estábamos trayendo una solución para los socios certificados, que estaban buscando, precisamente, ser sustentables. La certificación entonces nos empuja a una búsqueda de sustentabilidad que es importante, no porque la ley la hayamos planteado sólo nosotros, ya que fue la iniciativa de varias instituciones, sino porque en nuestro caso nos hemos acercado a estas cuestiones legislativas por el reclamo que nos hacían nuestros socios certificados. Pasa también que en algunos lugares hay vacíos legales en la legislación sobre fitosanitarios, pero ya en la norma que impulsamos, que es la Agricultura Sustentable Certificada estaba todo el tema de las órdenes de trabajo, que cumplía el rol de receta agronómica en los lugares donde no la había.

Imagino el efecto multiplicador del trabajo con otras instituciones, como CASAFE.

– ¡Totalmente! Aunque trabajamos con muchas entidades, con CASAFE hemos generado un trabajo del cual estoy realmente muy satisfecho. Producto de esta interrelación está la Norma IRAM 14130, orientada a las Buenas Prácticas de Labores Agrícolas, ya sea de maquinaria propia o contratada. Es una solución espectacular para los establecimientos que están certificando, porque el productor puede contratar a una empresa de servicios de siembra, cosecha o pulverización que esté certificada, y ya alivia mucho la auditoría y le es mucho más sencillo hacer la certificación para el establecimiento.

Un círculo virtuoso.

– Tal cual. Así que, desde este lugar, fue una relación de amalgama muy interesante, porque logramos un protocolo para darle una mano a los socios certificados que tenían certificado su establecimiento. CASAFE tenía Pulverizadora OK, que es un protocolo muy técnico y muy bueno que sacó la Cámara, y a partir de eso creamos algo superador. CASAFE en su protocolo aportó muchos aspectos técnicos relevantes y AAPRESID, muchos aspectos que involucraban efectos sociales. De esa sinergia entre ambas instituciones salió la Norma IRAM 14130, que es un documento muy rico y muy bien logrado. Claro que también trabajamos con otras instituciones importantes, como el INTA, el CONICET, con las universidades nacionales, y desde luego, obviamente, con los distintos ministerios, gobiernos y legislaturas, tanto al nivel de la Nación como de las provincias. Y hoy, desde luego, seguimos trabajando mucho en las relaciones interinstitucionales.

Después de tanto trabajo, ¿observa un compromiso real del productor con las BPA?

Te contesto con un ejemplo. Cuatro congresos de AAPRESID atrás, hacíamos un taller de certificación en el que probablemente alcanzábamos un 50 por ciento de asistencia a la sala. Y lo que vimos en el Congreso de Sustentología, que se hizo hace apenas un mes en Córdoba, es que la mayor parte de las charlas y plenarias de certificación eran prácticamente a sala llena. Entonces, vemos que hay un interés muy renovado de parte del productor y de los consultores con el tema de certificación. Tiene que ver con la presión social hacia las Buenas Prácticas, pero también con el compromiso del productor con el uso responsable de fitosanitarios. Para nosotros, es una gran celebración.

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