El pasado 8 de septiembre se celebró el Día del Agricultor, fecha en la que en 1856 se fundó la primera colonia agrícola argentina, Esperanza, actualmente ciudad cabecera del departamento Las Colonias, Santa Fe. Mucho evolucionó la agricultura en la Argentina desde aquellos comienzos. Entre las tecnologías actuales, la aeroaplicación es una de las más reguladas y controladas, y también por ello una herramienta que puede certificar buenas prácticas agrícolas, usando una norma específica.

La serie de normas IRAM 14130, denominada Buenas prácticas para labores agrícolas consta de 5 partes, una de las cuales -la 14130-3- se refiere a la aplicación aérea. El documento, entre otras ventajas, ofrece al productor herramientas de gestión para trabajar con proveedores calificados y confiables  de labores agrícolas, como las aplicaciones aéreas que cuidan el ambiente y brindan seguridad a la sociedad y a los operarios.

La norma establece definiciones sobre términos centrales como las BPA: qué se entiende por evaluación de riesgo, ambiente, equipo de protección personal, residuo, calibración de equipos, caldo de aplicación, eficacia, eficiencia, entre otros.

Y entre sus requisitos generales hace especial hincapié en las capacitaciones continuas del personal operario, la gestión de la empresa que lleva adelante la operación y las condiciones de higiene y seguridad.

A propósito de esta herramienta que también pueden utilizar los aeroaplicadores, dialogamos con uno de los “agricultores del aire”, el Lic. Alfonso Rodríguez, presidente de la Cámara de Aeroaplicadores de la Provincia de Buenos Aires (CAPBA), entidad que ya trabaja con ella. 

¿Qué lleva a CAPBA a certificar buenas prácticas agrícolas bajo la norma IRAM 14.130-3?

– En CAPBA consideramos a la Certificación IRAM 14130-3 como una herramienta fundamental en nuestra estrategia institucional que incluye consolidar la cohesión interna de nuestros socios bajo el lema Volemos Juntos, promover las buenas prácticas agropecuarias (BPA) y fortalecer la integración con nuestras comunidades locales. La posibilidad de revisar nuestros procesos de trabajo, incorporar y consolidar el concepto de la mejora continua, establecer diálogos con los distintos actores de nuestra comunidad y someternos a la auditoría externa son elementos clave que nos acercan a esos objetivos institucionales gracias al proceso de certificación.

¿En qué estado está ese proceso por parte de CAPBA respecto de la entidad y sus asociados?

– Estamos trabajando intensamente en la certificación de 3 empresas asociadas y tenemos otras 10 ya evaluadas y con el compromiso de algunas de ellas de iniciar el proceso de implementación de la norma en 2020.

¿Qué grado de interés existe entre los aeroaplicadores para certificar bajo esta norma?

-Desde que iniciamos el proceso vamos sumando semana a semana nuevos socios interesados en conocer el proceso e iniciar visitas de diagnóstico. Incluso, también estamos recibiendo llamados de colegas de otras provincias que se quieren sumar a esta iniciativa.

¿Es complicado certificar?

-No es sencillo pero al ver los avances la motivación se renueva. El proceso de certificación en forma indirecta nos ordena en el trabajo cotidiano y eso impacta sobre la eficiencia, el control de riesgo y el resultado de la empresa, de modo que se van compensando los esfuerzos requeridos para su implementación. Se necesita un buen diagnóstico inicial y luego un buen plan de trabajo, ya que el proceso es paulatino. Es importante priorizar el avance de las mejoras necesarias e integrar y participar a todo el equipo de trabajo de la empresa. Y es clave contar con un buen apoyo profesional que asista y ordene el proceso.

¿Cuál es el real grado de compromiso del sector aeroaplicador en general respecto de las BPA, más allá de los asociados a CAPBA u otras cámaras?

-Hace muchos años que nuestra actividad está híper-regulada, creemos que con buen criterio, para la seguridad de todos. Este marco de control ha sido determinante de una fuerte adecuación a las normas que, en general, han ido desarrollando las empresas agroaéreas. En nuestra provincia, la actividad cambió drásticamente desde los inicios de la cámara, hace 35 años, tanto en el plano tecnológico, como en la profesionalización del negocio. Actualmente procuramos mejorar continuamente la calidad de nuestros servicios y procesos, y por eso estamos muy focalizados en acompañar a nuestras empresas en la adaptación necesaria a un nuevo contexto del paradigma producción-ambiente.

¿Cuál es el grado de control de aplicación de las BPA por parte de las autoridades competentes?

-Cumplimos normativas y somos fiscalizados por la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) como prestadores de trabajo aéreo y por el Ministerio de Agroindustria de la Provincia de Buenos Aires. Además de cumplir el marco legal para aplicar fitosanitarios que establece la Ley Provincial 10.699, su decreto reglamentario 499/91 y, en cada municipio, las correspondientes normativas locales. El grado de control por parte de las autoridades es cada vez mayor y es lógico, acorde a una demanda social creciente que así lo exige.

¿Cuál es la relación de los aeroaplicadores con la sociedad no vinculada al agro?

-Como miembros de la comunidad agroalimentaria pero también como miembros integrados a cada comunidad local bonaerenses, nos ocupamos en generar un dialogo honesto con todos quienes se interesen en conocernos y estrechar vínculos mutuos. Nos sentimos orgullosos de nuestra actividad y nos duele cuando nos adjudican acciones que dañan a la sociedad, cuando -por el contrario- contribuimos con nuestro trabajo diario a construir nuestras comunidades.

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