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El término sustentabilidad hace referencia a un equilibrio en el uso responsable de los recursos, sin comprometer el acceso a estos por parte de las generaciones futuras y cuidando el ambiente que los rodea.

El sector agropecuario, en este sentido, trabaja arduamente para lograr una agricultura sustentable, es decir, una armonía entre productividad, para poder abastecer de alimentos a la sociedad, y el cuidado del ambiente. 

Este equilibro que gobierna el concepto de sustentabilidad, solamente puede ser ejecutado a través de las buenas prácticas. Dicho de otra manera, a través de normas y principios tales como la responsabilidad y el compromiso, pero sin dejar de lado un término mayor: el rigor científico y técnico.

Todo se basa en ciencia y tecnología, y la actividad agropecuaria no es la excepción. Un claro ejemplo es el documento de divulgación técnica recientemente publicado por el Instituto Internacional de Ciencias de la Vida (ILSI por sus siglas en inglés), que aporta información para las regulaciones provinciales y municipales sobre aplicaciones periurbanas. El trabajo denominado “Buenas Prácticas de Aplicación de Productos Fitosanitarios (BPAF) con énfasis en entornos periurbanos” aborda con consistencia técnica un tema sensible que requiere un trabajo exhaustivo y comprometido por parte de todos los actores de la cadena. 

El documento es un análisis de la experiencia de buenas prácticas de aplicación de fitosanitarios en 39 jornadas realizadas en 34 localidades pertenecientes a diferentes zonas agroecológicas de nuestro país en condiciones ambientales muy diversas y las derivas promedio fueron de 9,7 m para aplicaciones terrestres y 45 m para aplicaciones aéreas

Su principal hallazgo es que la adopción de las BPAF minimiza la ocurrencia de derivas, preservando así la seguridad de las comunidades aledañas.

Asimismo, reconoce que las zonas de amortiguamiento, donde se pueden realizar aplicaciones de agroquímicos controladas por un profesional y respetando otros puntos descritos en el anexo del documento, propician un equilibrio entre la producción y el cuidado del ambiente y las personas, a diferencia de las zonas de exclusión, donde no se permite la aplicación de ningún fitosanitario. Estas últimas, producto del abandono, pueden generar espacios para el desarrollo de insectos, malezas, enfermedades, basurales y resguardo para animales que afectan la productividad y bienestar de las áreas vecinas.

El documento da cuenta de la necesidad de un ordenamiento territorial que establezca los límites entre el área urbana y rural, junto con la creación de ámbitos de diálogo locales entre distintos actores, para propiciar acuerdos sustentables en la comunidad.

Las buenas prácticas agrícolas propician el equilibrio entre la productividad y el cuidado de las personas y el ambiente. ¡Asumamos el compromiso por una agricultura sustentable!