Aplicar Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) en todas las producciones de frutas y hortalizas ya es una obligación. De qué trata la nueva reglamentación argentina.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) declaró este 2021 como el Año Internacional de las Frutas y Verduras (AIFV), justo cuando en la Argentina entró en vigencia la Resolución Conjunta 5/2018, que obliga a cumplir con las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) en todas las producciones de hortalizas del país, con la misma condición para el sector frutícola que ya lleva un año de experiencia.

Con esta nueva norma, las BPA en frutas y verduras ya son una política de Estado, con la cual se busca asegurar la inocuidad, mejorar la calidad de los alimentos, usar prácticas sustentables desde lo económico, productivo, ambiental y social, para lograr una producción eficiente donde el uso responsable de los fitosanitarios es la columna vertebral.

Pero… ¿De qué consta esta reglamentación? Las reglas básicas que deben cumplir los productores están enfocadas en siete puntos centrales, que son:

> Documentación y trazabilidad (RENSPA, DTV, identificación con etiqueta).

> Fitosanitarios y fertilizantes sintéticos (usar productos exclusivamente aprobados por el Senasa, almacenarlos correctamente y cumplir con las indicaciones de la etiqueta del envase).

> Agua (uso eficiente, seguro y racional para la higiene como para el riego según requisitos del Código Alimentario Argentino y legislaciones provinciales).

> Manipuleo (cumplir con pautas de higiene básicas para la manipulación de frutas y verduras).

> Animales (impedir el ingreso de animales a las áreas cultivadas y zonas con alimentos ya cosechados).

> Fertilizantes orgánicos y enmiendas (usar productos exclusivamente registrados en el Senasa, prohibido el uso de residuos cloacales y pozos sépticos).

> Asistencia Técnica (contar con la asistencia de un técnico y/o profesional en BPA).

Si bien en 2018 la Secretaría de Alimentos y Bioeconomía de la Nación había advertido que la transición hacia las BPA obligatorias para estas producciones iba a requerir mucho trabajo y un aprendizaje constante, aún se desconocían los datos del Censo Nacional Agropecuario (CNA), con el cual se supo que en la Argentina hay un total de 47.464 Explotaciones Agropecuarias que producen frutas y verduras en las 23 provincias de nuestro país, en casi 650.000 hectáreas.

Con estos números queda claro que el objetivo es casi quijotesco, pero no imposible. Ahora bien, ¿por qué reglamentar las BPA obligatorias para las frutas y verduras?

En primer lugar, y según información de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2017 murieron 3,9 millones de personas en todo el mundo por falta de consumo de frutas y verduras en cantidades suficientes, y se estima que la ingesta insuficiente de estos alimentos es la causa de alrededor del 14% de las muertes por cáncer gastrointestinal en todo el mundo y del 9% de las muertes por accidentes cerebrovasculares (Afshin et al., 2019).

Asegurar la calidad e inocuidad de estos alimentos desde el minuto cero de su producción, a través de las BPA como metodología, no sólo es hacer bien las cosas y en regla, es poner un granito de arena para que haya menos hambre en el mundo, para que aumentando la producción más familias puedan comer, para que la desnutrición y la malnutrición sean en un futuro no muy lejano, sólo palabras en el diccionario.

Que la FAO haya declarado este 2021 como el Año Internacional de las Frutas y Verduras, justo cuando la humanidad atraviesa una pandemia mundial que ya se cobró la vida de 2,68 millones de personas en poco más de un año, no es un capricho o una casualidad. Es una causalidad y una necesidad.

La OMS recomienda consumir por lo menos 400 gramos diarios entre frutas y verduras para obtener sus beneficios nutricionales para la salud. En Argentina el promedio de consumo per cápita es de 200 gramos por día, la mitad de lo aconsejado.

La humanidad quedó en jaque con el coronavirus. Las economías de los países se derritieron y las brechas sociales se ampliaron. En ese contexto ya de por sí complejo, quienes pueden comprar estos alimentos están demandando productos saludables y seguros, con un compromiso productivo con el medio ambiente como jamás antes se exigió.

Lo exige la Argentina, lo pide la FAO, lo recomienda la OMS y lo sabemos todos. Por eso, hoy y ahora, es el momento de subir el primer escalón hacia la Seguridad Alimentaria.