Durante estos últimos días, la vida social tal como la conocemos a sufrido ciertas modificaciones. Nuevas formas de comunicarnos, nuevos protocolos de higiene a seguir. Sin embargo, ¿cuántos de estos cambios son nuevos en realidad? ¿cuántos de ellos desaparecerán tras el fin de la cuarentena obligatoria?


Hace poco más de un mes, en la Argentina, y algo más de tiempo en el mundo occidental, que no dejamos de hablar y vivir en medio de la pandemia del coronavirus, COVID-19, tal como la Organización Mundial de la Salud ha nombrado a esta enfermedad.

Los plazos son relativos y tienen que ver solo con el tiempo que hace que el virus llegó a cada país. Los chinos comenzaron bastante antes, a fines de diciembre pasado. Por eso la enfermedad está denominada con las dos cifras finales del año que terminó hace poco más de un trimestre.

Actualmente, la humanidad, no importa su ubicación geográfica, está pendiente de esta enfermedad que nos está cambiando la vida: en lo social, afectivo, laboral, psicológico, sanitario y económico, con consecuencias que todos los especialistas vislumbran graves, pero que aún no se pueden dimensionar.

Sabemos que es probable que, cuando salgamos de la pandemia, muy pocas cosas sean como eran. O al menos no serán igual a como antes que llegara el coronavirus. Habrá hábitos que llegaron para quedarse, algunos nuevos y otros que se habían perdido y resurgieron. Sin embargo, todos ellos deben fijarse en la rutina de cada uno de nosotros.

¿Quién hubiera pensado que un pueblo tan cercano como el argentino, tendría que respetar un distanciamiento social de 1,5mts o dejar de compartir algo tan preciado y significativo como el mate? ¿Quién hubiera imaginado que tendríamos que explicar nuevamente el procedimiento para un lavado de manos correcto? La desinfección al llegar a casa, tanto de nosotros mismos, como de nuestra ropa y calzado e incluso de los productos del supermercado, no eran algo descabellado, pero tampoco un hábito reconocido. Y, aun así, hoy en día no se concibe la idea de permanecer en casa con la misma ropa con la que salimos a la calle.

Esta reflexión, lleva a preguntarnos en qué momento, algo tan simple como el lavado de manos o la desinfección al llegar a casa, perdieron tanta fuerza. En qué momento el no vernos, ni compartir el mate, se transformaron en símbolos de amor y respeto.

Como dijimos, los plazos son relativos y desconocidos, al igual que las “nuevas” medidas de higiene y seguridad establecidas. Lo que es un hecho indiscutible, es que hay nuevos, y no tan nuevos, hábitos que llegaron para quedarse y para cuidarnos.

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