18 de marzo, Día del Ruralista

Mariana Martínez

Desde 1989 Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) celebra, honra y acompaña en cada 18 de marzo a toda la comunidad agropecuaria festejando el «Día del Ruralista» con el objetivo de destacar el protagonismo y la imagen del hombre y la mujer de campo que trabajan desde su actividad para el bien del país. En el «Día del Ruralista» se reconoce además la labor diaria de las instituciones y los dirigentes que trabajan en beneficio de la comunidad agropecuaria y el crecimiento productivo de la Argentina. Este año, CRA instó a todos los protagonistas del campo argentino a continuar fortaleciendo la producción tanto en su diversidad geográfica como en sus distintas variantes productivas, y a trabajar comprometidos y unidos para mejorar las condiciones de la actividad agropecuaria. Desde CASAFE hablamos con una referente de CRA, Mariana Martínez, productora de Nogoyá, ruralista que analiza el sentir de la producción, la coyuntura y las buenas prácticas productivas.

 

¿Desde cuándo productora y desde cuándo ruralista?
Son dos cosas distintas. La actividad agropecuaria está en mi familia desde el principio de los tiempos. Mis abuelos paternos eran productores chacareros con producción para consumo propio, el exceso era lo que se comercializaba o trocaba, con vecinos o almacenes de los pueblos. Mis padres se conocieron en Bs. As. y sus hijos nacieron en Bs. As., y luego mi padre vuelve a su pueblo, Nogoyá. Mis nonos ya no estaban y comienza con la actividad ganadera. Nosotros somos productores ganaderos. El agro lo hacemos básicamente para consumo y para rotación de suelos.

¿Cómo comenzó su vida rural?
Soy contadora pública comencé a trabajar en la actividad agropecuaria, incluso antes de trabajar para mi papá. Me formé con productores que trabajaban sus campos, en Entre Ríos, Buenos Aires y Santa Fe. El contador que se embarra la alpargata hace un poco de todo, trabaja el campo, charla con quien va a preparar la información y yo soy de la época en que había que interactuar con quien te iba a proveer la información…eran montañas de papeles. Papá comenzó participando y trabajando en la Sociedad Rural de Nogoyá, invitado por uno de los productores, pero un poco con desconfianza, porque estaba instalado en el pueblo que el trabajo gremial era para quienes tenían grandes capitales, cosa que con el tiempo no era real, solo era cuestión de animarse. Era más o menos lo mismo que con las mujeres. Estoy bastante cansada escuchar que a las mujeres no se nos da el espacio en el ruralismo para ejercer. Yo creo que no es verdad. Los espacios se ganan. Todos debemos llegar a ocupar los espacios porque nos lo merecemos, por capacidad, en cualquiera de los aspectos que debamos tener.

¿Y cuando sintió que comenzó a hacer ruralismo?
Empecé a trabajar en el campo de papá. Hago de mamá sustituta del ternerito que quedó guacho o me subo a la manga, pero no es mi tarea básica. Yo trabajo en la Administración. El otro día leía la diferencia entre ser una mujer rural y una mujer ruralista: decía que decir que una mujer es rural es como despectivo porque a una mujer urbana no le decís que es urbana. Es discriminatorio. Un ruralista puede ser una mujer o un hombre, pero un ruralista independientemente de si vive o no vive en el campo, pelea para que esa diferencia que antes marcamos, deje de existir. Y me encantó. Lo cuento y se me eriza la piel. Yo creo que esa es nuestra labor. Nosotros tenemos que trabajar para que todos tengamos las mismas oportunidades. Que un chico que nace y crece en el campo, no se tenga que ir y no volver nunca más porque no se sabe de qué va a vivir. Es imposible pensar que va a haber universidades en todos los pueblos. Pero uno va a estudiar a la universidad y sabe que uno va a volver al pago y va a ejercer. Porque los que queremos la tierra no queremos quedarnos en las grandes ciudades.

Entonces, ¿ruralista o productora?
En realidad, se fusiona. Me siento ruralista porque está en mi ADN. Pero la conciencia de la inquietud surgió hace 15 años, cuando me di cuenta que no estaba solo para estar atrás de mi padre, sino que estaba por mí. Me siento rural, me siento productora porque participo del negocio familiar. Son mías las ganancias y las pérdidas. Hace 15 años sentí que soy ruralista, eso no se cambia. Uno no puede dejar de serlo, eso es pasión. Es donde uno defiende lo que uno cree valioso y verdadero. Entonces, hay que ver cómo se maneja la pasión. En la coyuntura actual, hay que controlarla, porque la confrontación no es saludable para nadie.

¿Qué opinión de las Buenas Prácticas Agrícolas que impulsa y capacita CASAFE?
Me encanta. Nosotros trabajamos con la tierra no en la tierra así que cuantas más herramientas se nos den de conocimiento, de tecnología, mejor vamos a poder trabajar. Puntualmente mi familia es propietaria. Y lo he visto a mi papá con 70 años, agachado y rascando la tierra quebrada, rascando con su dedito y diciendo: “Acá está, vas a ver que acá está”. Buscando la hojita de la semilla germinada. Nos falta educación, las cosas que no hicimos bien es por falta de preparación. Cuando vemos que alguien está pulverizando, vemos un poquito de brisa y no lo notó, vamos y se lo decimos. Ese señor guarda las alitas de su máquina y se va a su casa. Porque ese señor debe entender que yo lo estoy cuidando a él también. Porque si alguien hace una denuncia, ese señor se quedó sin herramienta, sin trabajar. Los tiempos en el campo siempre los rige el clima…y muchas veces se hacen maravillas para subsistir, pero si entre todos colaboramos… Nosotros desde CRA estamos siempre trabajando con esto, en la educación para que se comprenda que estamos cuidándonos entre todos. Una vez que esto se entienda, camina solo.

 

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